José Sigaud: «El giaku tsuki no se mancha…»

José Sigaud es instructor 1°Dan de Shotokan Karate

San Bernardo, partido de La Costa, pcia. de Bs. As.

+54 2257 543741

 

Facebook page:https://www.facebook.com/www.josesigaudkarate.com.ar

cabelones2007@gmail.com

 

«El giaku tsuki no se mancha…»

Se ha impuesto hoy una tendencia creciente entre los instructores a afirmar que karate debe adaptarse a la época, que debe responder a las expectativas de los estudiantes iniciados, en este caso niños y jóvenes…
De ninguna manera.
Los niños asimilan lo que reciben, motivados por los mayores encargados de su instrucción y orientación.
El rol del educando es enseñar, guiar y extraer lo mejor de cada niño.
Como un padre y una madre harían, o deberían hacer.
Es mentira que los chicos «eligen». No tienen el criterio aún para hacerlo.
Porque por algo un sensei es, según traducción literal, «el que nació antes».

No hay una voluntad manifiesta previa en los niños hacia tal o cual actividad, ellos se adaptan y son capaces de desplegar su creatividad y habilidades en cualquiera, y en todo caso con el tiempo tendrán más o menos interés en la disciplina, y continuarán o no.
El alumno no tiene por qué ser un calco de su sensei, pero es obligación del adulto a cargo transmitir el arte como corresponde, sin deformaciones al gusto.
No es karate lo que debe ser adaptado, ni a los tiempos ni a las modas. Son los estudiantes los que deben, si así lo quieren, asimilar la disciplina con todas sus exigencias y contenidos.
Imaginen un bailarín presentándose en una audición para ingresar al ballet Bolshoi, una de las academias de ballet de mayor excelencia en el mundo, diciéndole al maestro de ceremonias «bueno, pero yo quiero hacer unos pasitos nuevos que me inventé…»… entra por una puerta y sale por otra.
¿Se entiende la analogía?

 

Hacemos KARATE, no otra cosa.

Es por ello que debemos comprometernos con perfeccionar el arte entregándonos de pleno a esa tarea.
No hacemos karate para satisfacer egos, personalismos y pretendidas innovaciones surgidas del desconocimiento, una completa insensatez.
El tema es largo y que entronca con tendencias progresistas de esta posmodernidad contaminada de realidades líquidas, que en lo personal no me van.
El mensaje implícito hacia el alumno es: ¿quiere hacer karate?
Pues karate es esto, jovencito.
Caso contrario puede ir a jugar fútbol o hacer cualquier otro deporte.

Por supuesto, para nosotros sudamericanos puede ser poco conveniente, pues siempre estamos mirando el negocio, esforzándonos porque los alumnos no se espanten y sus papis continúen ilusionados con el nene que hace un arte marcial, por lo que continúan pagando la cuota.
Pues a mi no me interesa lo que crea el novato que viene a las prácticas, yo no hago marketing, me formé transpirando como animal, mirando un reloj que marcaba implacablemente una hora casi sin pausas de clase, con la voz rítmica y el golpeteo del shinai contra el piso de madera de un japonés metiéndose en mi consciencia.
Invertí – sigo invirtiendo- tiempo, dinero y energías sin consideraciones ni concesiones especiales.
Quince años tenía cuando comencé, y mi actitud y visión no ha cambiado.
Hoy los chicos son mucho más hábiles, mucho más capaces, por lo tanto no debemos exigirles menos que eso.
Osss!